Nerea apretó la mano de Mariana y sonriendo le dijo: —Pero, ¡no lo ignores!
Mariana se sintió un poco avergonzada. Después de tantos años conociendo a Walter, nunca le había dado un golpe ni lo había insultado de verdad. No era algo que ella pudiera hacer, y su abuela lo sabía.
En cuanto a ignorarlo...
Mariana miró a Walter con melancolía, y justo en ese momento, él también la miró.
Sus miradas se encontraron, y en sus ojos había una calma profunda.
Mariana recordó el contrato de tres meses que