Mantenerla viva ya era su mayor regalo. No importa si Fabio se arrodillaba ante él, ni siquiera si Jimena muriera frente a él, nunca podría perdonarla.
Walter bajó la mirada y se frotó la frente con una mano, sintiéndose algo molesto.
Mariana notó su estado de ánimo. —¿Qué pasa?
—Estoy molesto, no es nada —Sacudió la cabeza.
—¿Qué te molesta?
—Mariana, sabes muy bien la respuesta —Walter miró a Mariana, sus ojos alargados eran profundos y serenos.
—Pregunto porque no lo sé —Mariana sonrió.
Al ve