El niño estaba cubierto de sangre. Mariana no podía soportar ver una escena así.
Se agachó rápidamente y le preguntó: —¿Qué le pasó a tu papá?
—Cuando se abrieron las puertas del ascensor, un señor entró, y yo no sé... —El niño sacudió la cabeza, aunque parecía muy asustado, su forma de expresarse era bastante clara.
Mariana no hizo más preguntas, solo asintió y dijo: —No te preocupes, tu papá está bien.
¿Es posible que alguien pueda perder tanta sangre en un lugar como este, un hospital? Marian