—Pero si todavía es tan pequeño —dijo Mariana, preocupada.
Helena sonrió. —Crecerá tarde o temprano, así que es mejor que empiece a practicar desde ahora. Tú y la doctora Duarte, mejor vuelvan a descansar.
Mariana permaneció en silencio.
No dijo mucho más y se fue con Milena.
En el ascensor, Mariana miraba cómo cambiaban los números y escuchó a Milena decir: —Ella se esfuerza tanto porque quiere ascender a subdirectora.
—¿Tiene los méritos suficientes? —preguntó Mariana.
Ella sonrió con complici