—¡No, no, no es necesario! —Jacob le dijo a ella de inmediato y educadamente chocaron las copas.
Yolanda era tan formal, que él aún no se había acostumbrado.
Prefería a esa Yolanda que solía ser indiferente y le discutía, pues le resultaba más natural.
—Bueno, pues damos por zanjado este asunto —Ana aplaudió—. Muchas gracias, señor Díaz, de verdad se lo agradecemos.
—Si surge cualquier otro tema, haremos todo lo posible por ayudar al señor Díaz.
Ana, como buena representante, su discurso estaba