Pronto, el vehículo llegó frente al hospital. Después de colocar a Walter en la cama de la sala de emergencias, Mariana se preparó para alejarse cuando él apretó fuertemente sus dedos.
Arrugó el ceño y trató de romper su agarre, pero lo encontró difícil de lograr como si estuviera atrapada por una tenaza de hierro. Suspiró y, sin más remedio, se sentó junto a la cama.
—¿Cómo está él, doctor? —preguntó ella, viendo entrar al médico de guardia.
—Nada grave, sólo necesita un suero, y evita comer co