El cielo empezaba a aclararse.
Mariana estaba agotada. Cada vez que estaba a punto de dormirse, un destello la despertaba de golpe.
El amanecer asomaba, y Mariana miró hacia atrás. Paco dormía profundamente.
Mariana había intentado desatar las cuerdas, pero si lo lograba, caería con la silla.
Además, esas cuerdas eran muy difíciles de desatar. Incluso si fuera M, no podría hacerlo.
Mariana no quería rendirse.
Contar con que otros la rescataran y ceder su vida a ellos era una de las decisiones má