Mariana giró la cabeza y apretó los puños: —Únete a mí.
—¿Una señorita como tú? ¡Soy solo un maldito perro que carga tu bolso! ¡Yo quiero ser el líder! El que manda a todos, el que no duda en matar, ¿me entiendes? —Se levantó, maldiciendo—. ¿Qué hay de interesante en seguir a una mujer?
—En esta vida, solo una persona me ha hecho trabajar como un burro. —Se giró y levantó un dedo.
Mariana alzó la vista con esfuerzo para mirarlo.
Él sonrió: —Te diré algo que quizás ni conozcas.
Mariana mordió sus