Desde que Walter fue secuestrado, Jimena parecía estar enferma constantemente, visitando el hospital cada dos por tres.
Pero Serafín no parecía prestar demasiada atención a la respuesta; sonrió ligeramente y dio el primer paso hacia el elevador. —Vámonos.
Mariana asintió y lo siguió.
Frente a la puerta del ascensor, ambos guardaron silencio y el aire pareció haberse congelado por un momento.
Serafín recorrió con la mirada el cuello y los hombros de Mariana y, tras una breve vacilación, finalment