Walter agarró con violencia la muñeca de Mariana, la giró y la empujó contra la pared.
Así, el tatuaje en la espalda de ella se reveló como una mariposa vivaz, revoloteando ante sus ojos.
Walter contuvo la respiración por un segundo mientras su corazón latía de manera frenética, con una imagen borrosa de una niña pasando fugazmente por su mente.
Mariana, pegada a la pared y exasperada, se giró y lo miró con odio, luchando mientras gritaba: —¡Suéltame ya!
Walter seguía observando fijamente el tat