Mariana fruncía el ceño con tanta fuerza que su rostro, que solía ser de una belleza impresionante, ahora estaba torcido.
—Mariana, tomaste demasiado —la voz del hombre era fría, pero tenía un matiz de preocupación imperceptible.
Esa repentina muestra de cuidado la tomó por sorpresa.
Trató de levantar la cabeza para ver al hombre frente a ella, pero el maquillaje corrido, las pestañas bajas y la luz tenue le dificultaban la visión.
Todo parecía borroso.
Al igual que los sentimientos de Walter ha