—¿Te preocupa que alguien me lastime o que me sienta mal? ¿O es que... realmente te importo? —preguntó Mariana; su voz era ligera, como una brisa que pasa sin dejar rastro.
Walter guardó silencio de inmediato.
Consciente de que hacer esa pregunta sólo la llevaría a sentirse mal, ella sonrió y rápidamente buscó una salida elegante: —Lo entiendo. Sólo te preocupa como mi exmarido, ¿verdad?
Dicho eso, Mariana entró primero al elevador, manteniendo presionado el botón de abrir puerta mientras miraba