Mariana se golpeó con fuerza el lugar donde el hombre la había tocado, con una mirada llena de desdén y furia. —¡No me sigas molestando, o te haré pagar caro!
Ya estaba de mal humor por el acoso que había sufrido, y ahora el hijo de Alfredo se atrevía a provocarla. ¡Él de verdad tenía ganas de morir!
¿La tomaba por un blanco fácil? ¿Alguien a quien cualquiera podía molestar y pisotear?
Sin embargo, justo cuando Mariana estaba a punto de irse, una voz masculina fuerte y resonante se escuchó desde