—¿Me estás amenazando? —preguntó Walter, con una expresión de incredulidad en su rostro.
Mariana se irguió y lo miró sin miedo. —Claro que no, lo juro.
Incluso si así fuera, ¿cómo podría admitir frente a Walter que lo estaba amenazando? Sólo si estuviera loca.
El rostro de Walter se oscureció de inmediato, como un volcán a punto de estallar. De repente, soltó una risa fría, se levantó y arrojó con fuerza un grueso fajo de papeles sobre la mesa.
—Señorita Chávez, esta es la cuenta de las pérdidas