La frase «tú eres una invitada» fue como un mandato de silencio para el futuro de Jimena, cortando completamente sus lazos con Walter.
El semblante de Jimena se oscureció, como si una nube negra lo cubriera.
Mariana, por su parte, sonrió relajada y siguió disfrutando de su comida.
Con la abuela respaldándola, no necesitaba enfrentarse a Jimena.
—Por cierto, ¿no cenaste todavía, verdad? Ven y siéntate, come algo con nosotros —dijo Nerea, haciendo un gesto con la mano para que Jimena se acercara.