Mariana sonrió levemente, sintiéndose cada vez más tranquila y estable.
Era el disparo de Marcos.
—¡Maldita sea! ¡Me ha traicionado! —Leo se levantó rápidamente y se acercó a Mariana.
Sus manos se apoderaron del brazo de Mariana justo cuando ella lograba desatarse las cuerdas de la espalda. Sin dudarlo, se liberó de Leo y levantó una silla, golpeándolo fuertemente en la espalda.
Leo quedó aturdido, sorprendido de que Mariana hubiera logrado soltarse.
Mariana se acercó a Leo, moviendo su muñeca,