En resumen, Jimena era un chivo expiatorio. Cuando era momento de morir, ella se lanzaba al frente. Cuando no era su asunto, Leo prefería que se mantuviera lejos, maldita loca.
—¡Llévensela! —exclamó Leo, irritado.
Jimena se acercó de inmediato a Mariana y le gritó: —¡Leo, no creas que no sé lo que planeas! Si hoy tocas a Mariana con un dedo, ¡Walter te quitará la vida!
Aunque Jimena estaba loca, aún llevaba grabados en su interior los recuerdos de Walter.
Mariana observó a Jimena con melancolía