—Ay, ¿qué hay de malo en que escuchemos lo que dicen? ¡Están sentados juntos y aún así se envían WhatsApp! —dijo Catalina mientras mordía una manzana, cruzando las piernas con elegancia y sonriendo al verlos.
Ver a su hija feliz era el mayor deseo de una madre.
Hace cuatro años, Mariana tomó una decisión equivocada. ¿Acaso no había razones suficientes para que Catalina se sintiera así? No pudo educar bien a su hija ni convencerla de lo que realmente era mejor para ella.
Ahora, solo esperaba que