—No, solo cerré los ojos por un rato —Mariana empujó a Walter.
Walter, preocupado de que ella se enfriara y se enfermara, se sintió angustiado.
Ambos se empujaron, y Mariana, con los pies dormidos y un poco inestable, apoyó los dedos en el borde de la cama.
Walter agarró el brazo de Mariana y le preguntó: —¿Qué pasa?
—Los pies me han dormido —respondió Mariana con calma.
Él la ayudó y le pidió que se sentara en la cama.
Mariana suspiró. Walter de repente se agachó y, sorprendida, Mariana vio que