—No te creas tanto —Mariana hizo un gesto de desdén con los ojos y se fue.
Walter miró la espalda de Mariana al irse, y el borde de sus labios se curvaba ligeramente. ¿Qué era Mariana para no poder manejarla?
Mariana salió de la habitación, sintiendo un nudo en el corazón. Miró hacia atrás y, sin poder evitarlo, torció el gesto. Dejó que él tomara la delantera otra vez.
Mariana fue a la estación de enfermeras a recoger la comida para llevar y escuchó a una enfermera decir: —Ay, la señorita López