Mariana la acompañó hasta la salida. En el pasillo, una enfermera estaba barriendo con una mopa. Hace un momento, cuando Jimena llegó, el suelo estaba lleno de gotas de sangre.
—Me voy a ir por un rato —le dijo Mariana a Walter, sin esperar respuesta.
Entonces, Mariana se dirigió hacia la sala de emergencias. Aún sin ver a las personas, en la esquina, escuchó el llanto de Hadya.
—Esta niña tonta, ¿cómo puede intentar suicidarse de nuevo...? ¿Cómo puede lastimarse a sí misma así todo el año?
—Fab