Walter se quedó sin palabras. Miraba a Mariana. Con esas palabras de ella, ya tenía suficiente. Ni siquiera se atrevía a pedir más.
—Entonces, ¿podemos seguir intentándolo? —Su voz era suave, suplicándole que no lo abandonara tan fácilmente...
—Por mi abuela y abuelo, haré que me acepten... Por tus padres, también haré mi mejor esfuerzo. Mariana, ¿por qué no puedes darme una oportunidad? Ya he trabajado tan duro... ¿Quieres que mi esfuerzo sea en vano?
Había llegado a este punto; no había vuelta