Pancho barrió con la mirada a todos los presentes, su rostro apuesto tan severo como un iceberg. Transmitió las palabras de Lorena con una voz firme y poderosa: —Señoras y señores, estos bocadillos los preparó nuestra señora especialmente para ustedes. Dice que su nieta acaba de llegar y que les ha causado muchas molestias.
Al escuchar eso, todos comenzaron a sacudir la cabeza y a agitar las manos, respondiendo apresuradamente: —¡No es ninguna molestia! ¿Cómo podría serlo?
Jimena, sin embargo, f