Mariana miraba su cigarrillo, dándose cuenta de lo desigual que era la gente en este mundo.
—Y ya lo dije, ¿no? Si se quita los zapatos, la dejo ir. Fue ella quien no quiso hacerlo —Leo se quejaba.
Mariana, por supuesto, no quería hacerlo. —¿No te das cuenta de que eso es una humillación? ¿Por qué habría de quererlo?
—¿Te importa la humillación cuando ya estás al borde de la muerte? ¿Quién te dice que después de muerta no voy a usar tu cuerpo para mi diversión? —gritó, encendiendo el cigarro y l