—¡Claro! Antes pensaba que, si no podías tomar el control de la empresa, al menos tu esposo puede hacerlo. Pero ahora parece que lo mejor es que te apoyes en ti misma.
Mariana guardó silencio. En ese entonces, siempre creía que con Walter a su lado no tenía de qué preocuparse. Quizás, por un momento, su padre también pensó así.
Mariana apagó el celular y miró por la ventana. El invierno en Yacuanagua tenía un sabor diferente. Era nostálgico y cautivador al mismo tiempo.
El coche se detuvo frente