Sin embargo, no sabía por qué se sentía tan triste por dentro. Era la tristeza de un amor fallido, la fatiga de la vida... y también, la tristeza que le causaba la mirada compleja de ese hombre cada vez que la miraba.
—Jefa, ¿te sientes mal? —preguntó Yahir con cautela.
Mariana levantó la vista y movió ligeramente la cabeza, sin decir nada, sintiéndose muy perezosa.
Yahir sonrió. —¿Te cuento un chiste?
Mariana lo miró. Muchas veces, Yahir era como un rayo de sol. Era atento, paciente y el mejor