Jimena sintió profundamente el odio en los ojos de Walter. Él debía de odiarla; su aversión por la traición era bien conocida, y ella era la culpable de que su vida estuviera hecha un desastre.
Lo que más le dolía a Jimena era que pensaba que ya no sentiría nada por Walter. Pero al ver su rostro, al percibir esa mirada tan fría dirigida hacia ella, su corazón aún no podía evitar latir con fuerza.
No podía resignarse. No podía aceptar que su historia con Walter terminara así, convirtiéndose en un