La noche cubría la ciudad, y las noches más agobiantes eran las más difíciles de soportar.
Walter no pudo sentarse ni un segundo. Estaba de pie en la puerta de la sala de emergencias, deambulando sin parar. Liberto había salido una vez, pero no volvió a aparecer.
¡Nadie sabía cómo estaba su abuela!
Abril, exhausta de llorar, casi se desmayó varias veces. Agustín, preocupado por la señora, también intentaba calmar a Abril.
Walter bajó la cabeza, mirando los mensajes en su teléfono, esperando sin