Walter tenía una expresión impasible. —Vicente, no me provoques.
—¿Y qué si te provoco? Golpéame, y mañana iré a buscar a Mariana para decirle que tú... —sus palabras quedaron en el aire, sin acabar de salir.
Walter lo agarró del cuello de la camisa y le propinó otro puñetazo.
La cara de Vicente se giró de inmediato.
Walter lo levantó y lo empujó contra el coche.
Al mirarlo, los ojos de Walter estaban llenos de frialdad, como si quisiera acabar con Vicente de un solo golpe, su ferocidad era extr