De repente, sintió una oleada de calor, seguida por el roce de una prenda que se le había puesto sobre los hombros.
Al levantar la vista, vio que Walter cubriéndola con su abrigo.
Walter estaba vestido con un traje que no era precisamente grueso, pero que, sin su abrigo, en una noche tan fresca como esta, seguramente sentiría frío.
Sin embargo, Mariana no se sintió conmovida por su sacrificio; su filosofía era que a uno no se le debe privar de comodidades, y si alguien te ofrece algo para hacert