Ese tipo de trucos era verdaderamente repugnante.
—Walter, deja de perder el tiempo. Yo, Mariana, nunca te perdonaré en esta vida. Guarda tu cariño para alguien más —dijo, y arrojó la chaqueta a los brazos de Walter.
No le interesaba su buena intención; la aceptó solo porque tenía frío.
Después de hablar, Mariana rodeó el coche con la intención de ir a la parada de autobús.
Pero no tuvo tiempo de alejarse; su muñeca fue atrapada. En un instante, Walter la levantó del suelo.
Mariana se sacudió un