Mariana dudaba, sintiendo que, como exesposa de Walter, no era apropiado bailar con Vicente.
Sin embargo, Vicente ya había hablado y todos estaban observando, incluso animando la situación.
Este era el terreno de Vicente, y Mariana no quería que él se sintiera avergonzado por un rechazo público.
En un rincón de la multitud, algunos reían ante la escena, mientras otros mostraban rostros sombríos, con los dedos apretando con fuerza las copas de vino.
—¡Acepta bailar con el señorito Sandoval!
—¡Sí,