Además, su proyecto era seguro.
No le faltaban socios.
—Entonces, usted tendrá que esforzarse. No es solo una cena lo que hará que la señorita Chávez te perdone —dijo Simón.
Walter lo sabía perfectamente.
—Cuando llegué, escuché que hoy sería la celebración de la exposición de joyería, y que ella también estaría allí. ¿Vas a ir? —según el itinerario anterior, Walter solo tenía que aparecer durante el día y luego marcharse.
Pero ahora, si la señorita Chávez iba a estar allí…
—Voy.
Simón sonrió y