Mariana intercambió algunas palabras con Jacob antes de despedirse.
Al subir al ascensor, sentía que Jacob era un poco extraño, demasiado efusivo.
Incluso si venía a ver a su abuela, debería ser un familiar el que viniera. Tenía la sensación de que Jacob no tenía buenas intenciones.
Mariana se encogió de hombros y, al salir del ascensor, se apresuró a regresar a la habitación.
Al llegar a la puerta, la abrió un poco y escuchó el suave llanto de su abuela.
Esa voz era tan tenue que, si no prestab