Las gotas de lluvia azotaban con furia los cristales del coche, provocando un ruido ensordecedor.
—¿Dónde está ella? Vamos ahora mismo —dijo Walter, con la voz ronca y apagada.
Simón miró por el retrovisor. Frunció el ceño y respondió con tono grave: —La señorita Chávez está ahora en el aeropuerto.
—¿En el aeropuerto? —Walter se sorprendió.
Simón echó un vistazo a la hora. El vuelo salía en una hora, quizás no llegarían a tiempo. —Señor Guzmán, la señorita Chávez está destrozada. Ella... se va a