Mariana se rio al ver lo sorprendido que estaba él. Tomó una manzana de la mesita de noche y un cuchillo para frutas, preguntándole: —¿Por qué estás tan sorprendido?
¿Acaso no podía ser ella?
¿O es que no creía que Mariana pudiera hacer algo tan heroico?
Vicente tragó saliva, mirando fijamente a Mariana, con una expresión que pasó de la sorpresa a una mezcla de complejidad y gravedad.
—Mariana... —la llamó.
Mariana lo miró con calma, simplemente asintió, con una serenidad e indiferencia.
Vicente