En aquel entonces, Mariana solía correr alegremente hacia la puerta y preguntarle: —¿Has tenido un día cansado?
Ella se paraba en la puerta de la cocina, con el delantal puesto, y le preguntaba con dulzura: —Walter, ¿quieres algo dulce o salado?
Todavía recuerda la pelea más furiosa que tuvieron.
Ella se plantó frente a él, preguntando insistentemente: —¿En qué soy peor que Jimena? Ya te he dicho que tengo mucho miedo, ¿por qué sigues yendo con Jimena sin pensártelo? Walter, ¡yo soy tu esposa, y