En eso escucho que tocan la puerta.
—Bueno, te llamo más tarde, Carlos ya llego por mí, deséame suerte. Adiós.
—Suerte amiga.
Me apresuro a abrir la puerta. Carlos se veía muy encantador con su traje playero. Me saluda con un beso en la mejilla y me lleva de su brazo hasta la salida.
—¿Adónde Vamos, creí que desayunaríamos en el hotel? — interrogo nerviosa.
—Es una bonita sorpresa, estoy seguro de que te encantará.
—Es que… —balbuceo nerviosa.
—No tienes por qué temer, confía en mí— me mira de