No digo nada, pero las miradas son suficientes para que cambie su actitud.
—No quise decir… —intenta excusarse.
Niego con la cabeza y me pongo de pie.
—¿A dónde vas? —interroga mamá.
—A desayunar fuera, está visto que nunca podré ser parte de tu familia perfecta —respondo enojado, alejándome del comedor.
—¡Esteban! —grita mamá—. Te prohíbo que abandones esta casa. ¡Esteban!
Hago oídos sordos, alejándome, seguido por Carlos, que me detiene al salir por la puerta para hablar.
—No quiero charlar d