Esteban
Es difícil que un domingo por la mañana toda la familia esté despierta y riendo; creo que aún sigo dormido. Me pellizco y, en efecto, hay risas contagiosas en la casa. Dejo la cama y, después de un rápido aseo, bajo a la cocina, el lugar de donde provenían las risas contagiosas. Mamá, Fernanda y Camila, la niñera, ríen mientras Carlos cocina.
—¿Qué está pasando? — interrogo acercándome a la mesa.
—Buenos días, hermano— responde sonriendo— El aroma de mis arepas te despertaron.
—Buenos d