Al salir del hotel, un taxi nos esperaba para llevarnos al aeropuerto, era un poco más de las ocho de la noche. Carlos ya había comprado los boletos en primera clase para regalarme la primera sorpresa del viaje. ¡oh, sí! Disfrutaría de los benéficos de primera clase y de la compañía más desea por todos. Aunque en este instante eso me es irrelevante, me siento completamente vacía, sin ganas de nada, es como si mis sentimientos hubieses colapsado y reprimido por completo, soy solo un cuerpo sin a