Antes de que conteste su mensaje, me hace una llamada.
Por supuesto que mi corazón se agita y la sonrisa no se aparta de mi rostro, mi cuerpo tiembla y tengo que tirarme la cama para no sentir que me desmayo.
“¿Cómo amaneció la mujer más divina del mundo?” dice con esa voz dulce que me eriza la piel.
“¿Te refieres a mí?” digo con una sonrisa
“¿A quién más? Mi bella princesa. Dime, ¿pudiste descansar?”
“De maravilla. ¿Por qué no lo haría?” bromeo.
“Porque yo no he podido pegar los ojos en toda l