—¿Noah?
—¿Esperabas a alguien más? —preguntó él, observando cómo ella luchaba por recuperar el aliento. Notó lo alterados que estaban sus nervios y se preguntó por qué.
—¿Nos vamos? —preguntó, extendiendo su mano y tomando la de ella. Noah caminó hacia la tabla donde estaban sus amigos, sin decir una palabra.
La elegancia del comedor formal no podía explicarse con palabras. Era etérea. La empresa de eventos se había tomado su tiempo para convertir una de las salas de estar de los Milton en un s