COLINA
Mi corazón late con fuerza y mis pulmones arden, pero sigo corriendo. Aprieto las llaves con tanta fuerza que se clavan en mi mano; ni siquiera ese dolor logra registrarse, no se compara con la sensación enferma en mi estómago ni con los gritos de mi corazón.
Él me rogó.
Me lo confesó todo, me pidió que me quedara.
Y me fui.
Corro más rápido, lanzándome por las escaleras hasta llegar al garaje. Coloco la mano en el escáner y parpadea en verde, dejándome pasar. Con pasos apresurados alcan