Una costilla rota
Scarlett no estaba segura de cuánto tiempo habían estado golpeando a Sebastián aquellos matones. Todo lo que recordaba eran los bates balanceándose, las patadas y los dolorosos gemidos que Sebastián intentaba reprimir al otro lado de la gruesa puerta. Apenas podía mantenerse en pie cuando la policía irrumpió en la habitación, pero no soltó el bate que bloqueaba su puerta hasta que el personal médico prácticamente tuvo que despegarlo antes de colocarlo en una camilla.
Cubierto d