Capítulo 166: Vender el alma.
Narra Gabriel:
Me llamo Gabriel Baileyi, y en ese claro del bosque, bajo una luna que parecía demasiado brillante para ser real, comprendí que el miedo verdadero no tiene forma de lobo ni de espada. Tiene sedientos ojos rojos y una sonrisa que no llega a lo racional, licántropo, ni humano.
Razvan estaba allí, inmóvil, como si el viento no se atreviera a tocarlo. Su presencia era una presión física: el aire se volvía más denso, más frío, más antiguo. Olía a rosas marchitas y a hierro viejo, a al