Capítulo 102: Como la gloria divina.
Narra Arien:
Mi corazón latía desbocado, añorante de Ithiliel, de verla una vez más, de perderme en aquellos encantadores ojos de lavanda, de amatista pura, llenos de aquel brillo tan único de ella, tan hermoso como las estrellas, y tan único como no existía nada igual.
Orfeo y yo cabalgamos entre la nieve, sin detener nuestra marcha, sin importar lo que estábamos dejando atrás con aquel acto, sin importar realmente nada más que no fuese llegar a nuestro destino…un destino de amor que me llamab