Su pregunta me pareció absurda. Me solté de su mano.
—¿Tan poco valgo para ti? Tú coqueteas con un compañero, ¿y yo tengo que quedarme a tu lado, suplicándote y haciéndolo todo por ti como si fuera tu sirviente?
Se quedó sin palabras. Pero siempre había sido arrogante. O tal vez mi amor y todas mis concesiones la habían acostumbrado a salirse con la suya.
Era evidente que no me creía. Miró a Camila con una hostilidad intensa y contenida.
—Primero dime cuánto hace que la conoces.
No quería entrar