CAMELLIA
Sangre.
Eso fue lo último que vi cuando toqué mis muslos antes de que todo se oscureciera.
Un pequeño pinchazo en la mano me hizo moverme. Abrí los ojos y vi a una enfermera parada sobre mí. Estaba revisando el suero colocado en mi mano.
—Hola, señorita. ¿Cómo se siente? —preguntó la enfermera con una sonrisa estampada en el rostro.
—Estoy… estoy bien. ¿Qué me pasó? —pregunté tratando de incorporarme. Puse la mano sobre el estómago. Las imágenes de lo que había pasado fluyeron por mi m