XAVIER
Me sentaba en mi oficina todos los días, recordándome a mí mismo que no era culpa mía. Que era culpa de todos ellos lo que llevó a todo aquello. Que mi mamá nos abandonó y mi papá se consumió con el alcohol y el juego.
Solo deseaba que las pesadillas y el dolor desaparecieran.
—¿Quién es? —Pregunté cuando un golpe suave llegó a mi puerta.
—Vince.
—Entra. —Di un sorbo al mio vaso di whisky—. ¿Dónde está ella?
—Acabamos de rastrear su teléfono. Está en el bar donde solía trabajar.
—¿Está b